Enseñar con nuestro ejemplo: gracias, de nada, por favor.

A veces me sorprendo diciendo a mi hijo "no grites" gritando, es una de esas ocasiones en las que te das cuenta de que no estás haciendo lo más apropiado, porque no tiene sentido pedirle al niño que no grite si tú también te pones a gritar. Los niños aprenden lo que VEN en casa, mucho más rápido que lo que, simplemente, les decimos. Es cuestión de un cambio de hábitos y cuanto antes se empiece, mejor. 

Sí, los padres somos el espejo en el que se mirarán nuestros hijos ¿como queremos que sea lo que se vea reflejado? ¿queremos ver una persona colaboradora? pues ayudemos y colaboremos en casa, cuando estamos con el niño. Muchas veces nos comportamos de una forma fuera, en el trabajo, con
amigos... y luego en casa nos relajamos pero las "buenas costumbres", el respeto, nunca debe perderse, tampoco cuando hablemos con los niños.

No es solo gritar, que está claro que no está bien. Se trata de ser más amables, si nos acostumbramos a decir gracias, por favor, de nada, a nuestra pareja, a los abuelos, a los tíos. Si nosotros decimos "gracias" cuando nos traen un vaso de agua al sofá, por ejemplo, el niño lo ve y se guarda esa información para utilizarla más adelante cuando le sea necesaria. Sin embargo si nos ve simplemente mover las cejas, hacer un gesto, que más bien es una mueca, a la persona que amablemente nos ha traído el agua "ya que vas a la cocina..." pues luego no vamos a decirle al niño eso de "¿qué se dice?" (obviamente si no dice gracias, no está de más recordárselo, a veces los niños son más tímidos de lo que nos pensamos, y está bien reforzar lo aprendido, pero se trata de eso, de un refuerzo, la clave del aprendizaje está en el ejemplo. Más práctica y menos teoría. 




En realidad, no es tan difícil, se trata de empezar desde ya, si nos acostumbramos al gracias, de nada, por favor, no sólo cuando nos devuelven el cambio en una tienda o pedimos un café en el bar. Si no cuando la abuela nos prepara su mejor lasaña (sí, la mejor es la de mi madre) no cuesta nada decir "que rica está" la abuela engordará de orgullo y el niño aprenderá, con nuestro ejemplo, lo bonito de las palabras amables.

Muchas veces solo reafirmamos lo malo "se han quemado las patatas" en vez de reforzar lo bueno "qué fresca la ensalada". No estoy hablando de mentir o exagerar, por supuesto que no, ni de sarcasmo o ironía, si no de aprender a fijarnos más  en lo bueno y no tanto en lo malo. Tendemos a buscar los aspectos negativos de todo, incluso en los más mínimos detalles, pero es bueno, apreciar lo bueno, enseñar a nuestros hijos a disfrutar de los pequeños placeres de la vida, la comida, un paseo en familia o una visita a casa de la abuela.

Disfrutar de una vida sencilla.

En este vídeo vemos de forma directa y con un poco de humor (en la primera parte) como nuestro comportamiento se transmite a nuestros hijos. Nos ha gustado sobre todo el humor negro de la primera parte.





Os recomendamos dos cuentos ilustrados para aprender más sobre este tema en familia.


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